Valve finalmente se decidió por llevar una de sus IPs más allá de los videojuegos

Definir qué es y qué no un anime se ha vuelto cada vez más difícil con el paso de los años. ¿Es toda producción animada que provenga de Japón, aquella que ha surgido de una mente nipona o tal vez el diseño de personajes con grandes ojos y peinados imposibles? Es por eso que a uno le entra la duda cuando al principio de DOTA: Dragon’s Blood se enseña en grande el cartel de «A Netflix Original Anime Series». Quizás sea simplemente una forma de atraer una nueva audiencia.

Lo cierto es que sí, el renombrado Dota 2 recibió su propia serie animada de la mano de Netflix. No es la primera vez que el servicio de streaming lanza su propia adaptación de un videojuego. Castlevania resultó un sorprendente éxito, por lo que seguir apostando por IPs de otros juegos no fue sorpresa para nadie. El año pasado lo intentó con Dragon’s Dogma, lamentablemente no estuvo a la altura de la obra de Capcom ni de otras producciones de la misma plataforma (en especial por esa animación 3D a lo Berserk que poco convence). Ahora es el turno del MOBA de Valve, que aunque a simple vista parece no ser una fuente artística muy interesante, su vasto lore puede dar mucho más de lo que se cree.

AKA Dovahkiin

DOTA: Dragon’s Blood sitúa su historia en un mundo fantástico habitado por elfos, trolls y, por supuesto, dragones. Y es que estos últimos son el centro de la narrativa, ya que su sola presencia altera la paz de cualquier humano. En este contexto, Davion, un caballero andante, se ve metido en medio de una batalla entre un demonio y un majestuoso dragón, Slyrak, la cual culmina con este último fusionando su alma con la del joven, así otorgándole un increíble pero terrorífico poder.


Davion y Mirana, protagonistas de la serie.

Davion es el héroe del pueblo, responsable de incontables hazañas y el primero en fila en batalla. Todos lo admiran y él no tiene problema en recibir tanto halago. Pero detrás de todo eso, hay una razón por la que constantemente va al choque con estas criaturas aladas, y es la que lo mantiene lejos de ver la vida en contrastes. Cuando su alma se fusiona con la de Slyrak, este sentido se engricese todavía más, y empieza a ver que los dragones no son sólo bestias del caos. Si bien cumple con varias funciones del arquetipo heroico, Davion se muestra como alguien genuino, incapaz de darle la espalda a un conflicto, incluso si esa valentía roza la estupidez. Además que Yuri Lowenthal sea quien preste la voz, hace que tenga un puntito más de personalidad y credibilidad.

La serie también cuenta la historia de Mirana, una princesa exiliada en búsqueda de unas flores robadas. Viaja junto a su guardaespaldas Marci, quien a pesar de ser muda y mostrarse pacífica, no duda en dejar que su lado más violento despierte si la situación lo amerita. Su aventura se entrecruza con la de Davion bien al principio, y ambos emprenden un camino en el que no deja alternativa que ayudarse mutuamente.

Basta con el lore

Adaptar Dota 2 no debe ser el trabajo más fácil del mundo, es un MOBA sin ir más lejos, un título con un enfoque multijugador competitivo. No estamos hablando de un juego como los de Naughty Dog, donde su carga narrativa está mucho más apta para trasladarse a otro formato audiovisual. La primerísima escena, con una voz en off, expone algunos puntos del trasfondo del universo creado, pero resulta bastante aburrida y olvidable. Hay otros momentos de exposición donde algún que otro personaje da más pistas del lore, pero también se sienten pesados, y uno espera por que termine lo antes posible. Lamentablemente son necesarias porque varias motivaciones de personajes van de la mano con este contexto.



Por suerte los personajes principales llevan sus camino por argumentos más terrenales, la venganza y el honor, así como el entendimiento del bien y el mal. Sí, es un mundo donde una princesa monta un gato gigante, pero también da lugar para que ésta misma lea entre líneas un último deseo encubierto de alguien queriendo acostarse con ella. Obviamente no estamos hablando de un drama digno de Spike Lee, pero se puede vislumbrar una intención de conectar con el espectador.

Apto para mayores de 18 años

Sería raro pensar que Castlevania no tuvo ningún tipo de influencia en la obra. No sólo por los diseños de los personajes, que están más cerca del anime que de series occidentales, sino también por su Clasificación R. No por nada DOTA: Dragon’s Blood lleva el título que tiene, no escatima en sangre para nada. Desde el primer minuto hay un alto nivel de gore, desde simples cortes hasta desmembramientos de todo tipo. Cada batalla termina siempre de la manera más violenta, con cadáveres desfigurados o irreconocibles.

Las piezas de acción también recuerdan a la serie de Drácula. Muy rápidas y bien construidas, los dragones no se desaprovechan, cada vez que entran en escena dejan algunas de las mejores postales. Y a pesar de usar modelos 3D para ellos, increíblemente no desentonan con el resto de la imagen. Asimismo cuando se dan batallas entre más de dos humanos (o humanoides), la cosa se puede tornar bastante original. La idea de que Mirana sea una especie de francotiradora con su arco, y que Marci sea su brújula al silbar es bastante creativo. Sin dudas, la acción se lleva la coronita, es lo mejor que brinda la adaptación.



La violencia no es la única razón para ganarse la Clasificación R. Hay presente un contenido sexual bastante importante, que procura darle un tono más maduro a la obra. Es más implícito que otra cosa, pero no deja de estar ahí. Así que si alguien quiere orgías en sus dibujitos, éste es el lugar.

¿Sabrá contar hasta 3?

Musicalmente es bastante simplón, es una típica sinfonía que se puede escuchar en cualquier película corte medieval fantástica. El mayor cumplido que se le puede dar es que no desentona. En las únicos instantes que resalta es durante algunos pasajes de acción, cuando a alguien se le ocurrió mezclar lo orquestal con arreglos synth pop, nunca se me hubiese ocurrido, pero la verdad queda muy bien. Lástima que sólo ocurre unos pocas ocasiones a lo largo de la temporada.

En cuanto a las voces, hay mucho mejores noticias. Netflix suele dar siempre en la tecla con las voces de de sus producciones animadas. Además de Yuri Lowenthal, el elenco está formado por unos cuantos conocidos de la industria. Troy Baker, quien hace de Invoker; Josh Keaton, interpreta a Bram; y Kari Whalgren a Luna. Todos calzan a la perfección, no hay mucho más que decir.

Pocos días luego de que se estrenase la primer temporada, se anunció que habría una segunda. Claramente DOTA: Dragon’s Blood logró una conexión con el público y entiendo por qué. Ya es un poco tarde para decirlo, pero mi conocimiento por Dota 2 es prácticamente nulo, aún así no tuve problema en disfrutarla. Las escenas de acción valen por si solas y los personajes principales son muy carismáticos. No es algo revolucionario como en su momento fue Avatar: The Last Airbender, pero tampoco necesita serlo. El solo hecho de crear una serie basado en un MOBA ya es una victoria. El año pasado fue Half-Life Alyx, parece que Valve comenzó a recordar quién era antes de ser «únicamente» una tienda virtual.

ImOctavius

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Redacción. Soldado de Kojima.