Cyberpunk: Edgerunners es un romance en el año 2076. Deberías verla.

Un romance en el año 2076

Al final de «The Amazing Spider-Man», la profesora de Peter habla de que todos los tipos de historias se centran en un solo argumento: ¿quién soy yo? Y si uno se lo pone a pensar, tiene bastante sentido. Los protagonistas siempre intentan descubrir, confirmar o cambiar su motivación. Pero también creo que hay otra fundación para cualquier historia, y es que todas son de amor.

En un principio «Cyberpunk: Edgerunners» puede mostrarse como una historia típica del, valga la redundancia, cyberpunk. Arranca violentamente con un mercenario totalmente perdido bajo la ciberpsicósis, un estado producto del uso reiterado de implantes, asesinando a quien se cruce. Pero inmediatamente termina la escena, pasamos a otra donde nos presenta a nuestro personaje principal, David, un muchacho con una vida tranquila, pero con ansias de ser alguien especial, aún todavía sin estar preparado para lo que le espera Night City.

Cuando David conoció a Lucy

El anime (porque sí, es un anime, no como a veces quiere vender Netflix algunas de sus series) transcurre durante el Acto 1 de Cyberpunk 2077, más precisamente en el año 2076. David vive con su madre, quien con mucho esfuerzo logra enviar a su hijo a la prestigiosa Academia Arasaka. Allí se siente bastante discriminado por la diferencia económica y social con sus compañeros, pero luego de un incidente donde su madre muere, abandona tal sitio y emprende un camino lejos de la ley, en parte por venganza, en parte por encontrar su lugar en Night City y en parte por amor.

Ser un criminal en una ambientación cyberpunk no es la vía más tranquila ni más confortable. La violencia no se detiene hasta que se convierta en un rastro de sangre, y el nuevo delincuente va a tener que aprender a conllevar su nueva vida. Lucy es parte de esta nueva vida y el motor que hace que David haga lo que tenga que hacer. Su relación es el punto central de toda la historia, y así como es el motor para David también lo es para que sigamos viendo capítulo tras capítulo. Dos personas con trasfondos distintos, uno que es y otro que quiere ser, pero que se encuentran por azares del destino y sus vidas empiezan a depender cada vez más el uno del otro.



A diferencia del juego, «Cyberpunk: Edgerunners» no cuenta con muchos personajes. La historia se centra en la banda de la que forma parte David, y no hace falta más. Las relaciones de cada integrante con sus compañeros se perciben rápidamente con escenas cortas, como dos hermanos discutiendo por pavadas, u otros dos intimando en sus tiempos libres. Se percibe la camaradería y que hace un buen rato están en esto juntos.

Y los demás…

A pesar de llevar bien grande la palabra «cyberpunk» en el título, no creo que se haya explorado lo suficiente de este subgénero. O por lo menos no fueron más allá. Por supuesto que la trama se desenvuelve muy bien en esta ambientación, con hackeos, ciberesqueletos y simulaciones, pero no trae nada nuevo a la mesa. Y está bien, no es el eje central del relato.

El eje es David y Lucy, el tema es que a veces el anime deja un poco de lado otras relaciones. Queda bastante en evidencia con, por ejemplo, la muerte de la madre. Era su único vínculo familiar y uno en el que se percibía bien a primeras un amor vital. Luego de su muerte, el impacto que dejó en su hijo se redujo a escenas muy chiquitas y sutilezas aisladas. Lo mismo cuando quieren ahondar en el pasado de algún otro personaje, son flashbacks de segundos que invitan más a la propia imaginación que a otra cosa.

Aún así, los espacios que uno mismo llena no irrumpen con la narrativa, y ésta fluye a muy buen ritmo. Los diez capítulos no se sintieron pocos o muchos, fueron la cantidad justa. Hay una construcción bastante bien diseñada para que todo avance ligeramente y uno se enganche con lo que van mostrando.

Con la loli no, carajo

Si hay un estudio de anime que con un solo frame es reconocido al instante es Trigger. Desde «Kill la Kill» hasta «Promare», su estilo visual es único. No es que sus obras tengan un detalle exhaustivo en cada cuadro, pero los diseños y cómo se mueven, a día de hoy, siguen siendo muy originales. Que CD Projekt Red les haya encargado «Cyberpunk: Edgerunners» fue una elección rara, más teniendo en cuenta el tono realista del videojuego. Sin embargo, el estudio nipón demostró una vez más porqué hubo una época en la que se decía «Studio Trigger saved anime«.


Trigger no iba a olvidar su clásica postal del personaje en primer plano con uno de los ojos bien abierto.

De algo de lo que siempre Trigger puede estar orgulloso es de los diseños de sus personajes. En «Cyberpunk: Edgerunners» la rompieron. Todos son muy diferentes y destacan rápidamente. No es como muchas otras productoras que tienen una cara predeterminada para los hombres y otra para las mujeres, y lo único que cambian son los peinados y el color de ojos (ejem, DC Animated Movie Universe, ejem). Por supuesto que las que más sobresalen fueron Lucy y Rebecca, por la simple razón de ser material waifu. Y eso que los polacos no querían incluir a esta última, pero los samuráis gritaron «¡la loli debe quedarse!».

Puro cyberpunk

Visualmente «Cyberpunk: Edgerunners» es hermosa. Esta versión anime de Night City da rienda suelta al tono violento y sexual del juego, llevando a pensar a uno que tal vez una vida cyberpunk no es tan atractiva como las luces de neón, la moda o las mejoras tecnológicas aparentan serlo. Se convive diariamente con la muerte hasta el punto que se espera que se dé de la manera más impredecible posible. Es por eso que también se intenta vivir al máximo, muchas veces sin importar el mañana ni las consecuencias.

Con este panorama, es difícil que no haya altos niveles de gore. Si bien el juego ya es bastante sádico, la serie lo lleva un poco más lejos, pero sin sentirse forzado. Es cierto que la sangre y los desmembramientos no son para todo el mundo pero el mismo género lo impulsa. Aún con todo esto, también hay momentos íntimos y tranquilos que con un soundtrack muy bien elegido se contraponen al lado furioso de la obra.



Cyberpunk 2076

Para quienes jugaron Cyberpunk 2077, van a notar que hay un gran trabajo en recrear locaciones reales del videojuego. Si vamos hasta ellas con V podemos ver lo mismo que vieron David y Lucy, desde los mismos ángulos y con las mismas vistas. Incluso si se visitan determinadas zonas, podemos encontrar cierta escopeta rosada o cierta campera amarilla. Una caricia al jugador.

En el juego hay unas cuantas estaciones de radio, y una canción que se puede escuchar en una de ellas es «I Really Want to Stay At Your House». La volvieron a utilizar para la serie, siendo muy predominante al sonar en varios capítulos y en momentos muy puntuales. «Cyberpunk: Edgerunners» podrá haberse ideado con la intención de expandir el universo, sin que afecte la campaña de V, pero cuando uno termina de verla, la melodía ya tiene un nuevo significado, uno que antes no existía. Sintonizar 98.7 Body Heat Radio ahora ya no es más simplemente una elección aleatoria en el coche, sino un recuerdo de 2076 y de los Edgerunners.

Es difícil no recomendar «Cyberpunk: Edgerunners», sea a amantes del anime o del cyberpunk. Se nota que hubo mucho cariño por intentar hacer algo valedero por sí mismo, jugando con los conceptos de la ambientación, pero siempre rodeando lo que en verdad importa: los personajes. La historia de David y Lucy difícilmente pase por alto, ya sea por su intensidad o por sus momentos más tranquilos, pero lo que mejor lograron fue darnos un vistazo de lo que es querer vivir en el año 2076 en Night City.

ImOctavius

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Redacción. Soldado de Kojima.
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