Música para ambientar.

C’era una volta… in uffici di Techland.

Tras el auténtico fiasco de “The Cartel”, Techland se vio en la necesidad de crear otro videojuego que, además de ser un digno sucesor de las dos primeras entregas, debería solucionar todos los problemas ocasionados por el anterior título. Así nació “Call of Juárez: Gunslinger”, un juego muy consciente de la tradición a la cual pertenece; el Western, en este caso. Al mejor estilo de las producciones ítalo-españolas de los años 60´ y 70´, Gunslinger nos lleva a un Oeste completamente mistificado (con sus bandidos, revólveres, dinamita, duelos, etc) y no intenta romper ese mito, el arquetipo; por el contrario, lo lleva hasta la hipérbole en su particular homenaje. Sin embargo, aunque la mayor parte del tiempo estamos jugando a un Espagueti Western, por momentos la historia roza el Western Crepuscular: aquellas historias de cowboys decadentes que, en una última aventura, se juegan el todo por el todo.

Lo chiamavano Silas Greaves.

La historia comienza en 1910, en Abilene, Kansas, cuando un misterioso forastero entra al bar del pueblo. Allí, cuando pide algo para beber y se presenta como el antiguo cazarrecompensas Silas Greaves, un grupo de tres hombres le piden que les cuenten algunas de sus historias a cambio de tragos gratis. Él acepta, por lo que entonces, empieza a contar su primera aventura en 1880 (al lado de Billy The Kid durante la Guerra del Condado de Lincoln) cuando perseguía a un hombre del que quería vengarse.

A partir de este momento, Silas, un narrador muy poco fiable (aunque más adelante veremos que no es tan así) comienza a contar sus aventuras. Es este el mejor apartado del juego, el humor con el que cuenta su trama. Cada tanto, los propios personajes que escuchan estas historias empiezan a cuestionar lo que se les cuenta, por lo que, en el medio de la partida, el narrador se corrige. De un momento al otro, caminos que antes no estaban aparecen frente a nosotros, un ejército de guerreros apaches desaparece para ser sustituido por otro de pistoleros, así como anacronismos en la propia historia.

De la misma forma se nos presenta a los “grandes hombres del Oeste”, como vagas sombras exageradas de aquellos personajes cuasi míticos. Para comprobarlo, sólo hace falta ver al primero de ellos en aparecer: Billy The Kid es una caricatura del verdadero hombre y lo mismo pasa con Bob Olinger, Pat Garrett, Henry Plummer, John Wesley Hardin, Jesse James y la totalidad de los miembros del Grupo Salvaje, entre otros. Claro que “Gunslinger” no necesariamente hace lo que quiere con el Mito, sino que forma el suyo propio para darle mayor personalidad, una estética; aunque las apariciones de estos hombres son esporádicas en casi todos los casos (reservados como jefes finales o simples cameos), no por ello dejan de ser momentos bastante simpáticos que dejará un buen sabor de boca incluso a quienes conozcan la verdadera historia detrás.

Si algo se le ha criticado a “Gunslinger”, eso es la simplicidad de su trama. ¿Pero por qué complicar una trama que no lo necesita? Este videojuego no fue, ni es, ni pretende ser más de lo que es: un gran homenaje a esos films del Oeste norteamericano que han inundado la cultura popular. Incluso cuando el juego se pone más serio, justo en el último tercio de la campaña, no lo hace por mucho tiempo. Su tono crepuscular aparece sólo para matizar un aspecto de la personalidad del protagonista: claramente, para señalar cómo la venganza ha consumido la mayor parte de su vida. Pero es un momento fugaz, uno que se desvanece tras un segmento en el que, Silas, perdido en sus pensamientos, se pone a cantar. Después de todo habría sido en vano intentar algo así, pues el último western, el verdadero crepúsculo, ya había sido creado en 1991.

Un vistazo al momento más ‘crepuscular» de Gunslinger

Per un pugno di errori.

Lamentablemente, existen una serie de elementos (no menores) que le impiden a “Gunslinger” ser un producto redondo en todos sus aspectos. Estos son:

  • La música del juego quizás es el apartado que más sufre de todos, debido a que pasa desapercibida la mayor parte del tiempo; algo que no sucedía con “Bound In Blood”, otro de los juegos de la franquicia. Sólo debe verse el último duelo de juego, donde nos enfrentamos a dos oponentes a la vez. Aunque es una clara referencia al duelo final en “El bueno, el malo y el feo” (de hecho, el título del capítulo es casi idéntico al de dicha película), por la mala utilización de la música, no consigue replicar, ni por un asomo, aquella épica escena. No puedo pretender que un videojuego gaste mucho dinero sólo por conseguir todas las composiciones de Ennio Morricone, pero me parece raro que, dentro de todos los homenajes que hicieron a lo largo de todo el título, no se hayan esmerado para ofrecer canciones a la altura de las circunstancias.
  • Luego están algunos de los jefes finales que, salvo en los duelos, el resto peca de genéricos. Como ejemplo tenemos el tiroteo en el aserradero con Johnny Ringo: un combate de lo más superfluo, pues Ringo sólo se dedica a esconderse (y mal) durante unos segundos y disparar al azar sin presentar ningún tipo de desafío. Aunque quizás no es para tanto, ya que existen peores jefes de nivel. Ahí se suma, sin duda alguna, el encuentro con el Viejo Clanton y el escape de Frank James; uno peor que el otro, hay que decirlo.

Per qualche successo in più.

Pero hay otras cosas rescatables de este videojuego. Una de ellas es, sin dudarlo, la acción (muy conseguida y desafiante en las dificultades más altas); también las mil y una referencias a los Western clásicos en los títulos de los capítulos, cosa que yo mismo he hecho en este artículo; y los modos de juego adicionales: el arcade y el de duelos.

Para algunos “Bound In Blood” es el mejor juego de la franquicia, pero para mí, sin dudarlo un segundo, es “Gunslinger”. No lo digo porque tenga “mejores gráficos” o algo por el estilo, sino por algo tan simple como las propias intenciones del juego. Mientras que uno intenta contar una historia de la cual ya sabemos el desenlace desde el minuto cero, el otro mira a la cara a las obras que la precedieron para rendirles un último homenaje. Sea porque aquí no se continuó la historia de los “McCall” (innecesario por donde se lo mire, porque ya no había nada que contar) o porque tampoco tiene una relación directa con el Oro de Juárez, “Gunslinger” al día de hoy aún sigue siendo una pequeña joya infravalorada dentro de esta efímera franquicia.

De todas formas, la historia de Silas Greaves descansa, para mí, al lado de las del Hombre Sin Nombre, Armónica, Django, Trinidad y, porque se lo merece, también de los hermanos McCall. Los cazarrecompensas colgaron sus pistoleras hace mucho tiempo, pero nosotros tenemos la fortuna de poder revivir sus aventuras cuantas veces queramos y apasionarnos como si fuera la primera vez.

Redaccion

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