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El amor y odio de Battlefield V y su comunidad: la Segunda Guerra Mundial como nunca fue vista

El pasado 20 de noviembre se cumplieron dos años del lanzamiento de Battlefield V. No es un secreto que la última propuesta de DICE cortara la racha exitosa que arrancó con Bad Company 2. ¿Qué fue lo que pasó con Battlefield y por qué nunca pudo conectar con su comunidad?

Lo primero que hay que decir es que a pesar de que el juego no tuviera el mismo impacto que Battlefield 1, no se puede decir que fuese un fracaso comercial. Battlefield V salió a fines de noviembre, y antes de fin de año ya había vendido más de siete millones de copias. Increíblemente para EA, estas cifras no cumplieron con las expectativas. Quizás las pusieron demasiado alto, pero también es innegable que si la campaña pre-lanzamiento hubiese sido mejor, esos números seguramente habrían sido más altos.

Antes de la tormenta

Sólo hay una oportunidad para dar una buena primera impresión y lo cierto es que el inolvidable trailer de presentación no la dio. Casi medio millón de dislikes en YouTube en una semana fue la primer bandera de alerta. Las soldados mujeres, las extremidades prostéticas y las pinturas corporales fueron demasiado para el gusto de la mayoría. Fortnite estaba pegando fuerte con su monetización de skins, y DICE y EA querían llevar su título por esa línea, pero ante tal recepción se decidió rebajar tales opciones.

Aunque las opciones fueran menores a la hora de personalizar soldados, DICE no abandonó la idea de los atuendos como columna vertebral de su juego. Es por eso que en abril de 2019, se implementaron los Elites. Éstos eran atuendos legendarios de gran detalle con líneas de voz únicas. A simple vista, una gran idea, el tema es que solamente se podían conseguir con una moneda premium. El problema fue que esta moneda fue habilitada para la introducción de estos skins. Y esto se agravaría con la llegada del frente japonés y estadounidense, ya que era posible, por ejemplo, utilizar un skin de una japonesa militar en una partida entre alemanes y británicos.


battlefield v

Battlefield V no solamente dio marcha atrás con los looks de los personajes. La idea original era hacer un juego más hardcore de lo habitual en la saga. La munición sería escasa, solamente podríamos llevar un cartucho extra. Habría estaciones puntales en el mapa donde recargaríamos nuestro armamento. Sin dudas obligaba al jugador a que hiciera valer cada una de sus balas. Una vez se probó la beta, y a pesar de que muchos vieron este cambio como algo positivo, otros no aceptaron esta nueva filosofía, y DICE a la hora de lanzar el videojuego revertió lo inicialmente propuesto.

Vientos de guerra

El gran fuerte de cada Battlefield siempre han sido los mapas. Que la quinta entrega llegara con sólo ocho no fue especialmente bien recibido. Que además se centraran en las facciones británicas y alemanas tampoco ayudó. Y sin dudas, haberse enfocado en batallas de menor renombre, y haber obviado los conflictos más emblemáticos de la Segunda Guerra como el Desembarco de Normandía o la Batalla de Stalingrado fue la cereza del pastel. La propuesta de DICE era ir incorporando gratuitamente nuevos escenarios en orden cronológico imitando el transcurso histórico de la guerra. Estas actualizaciones irían dándose a partir de temporadas.

Las temporadas en Battlefield V fueron llamadas Capítulos. El primer año comprendió los primeros cuatro, y estuvo lleno de irregularidades. Se duplicaron la cantidad de mapas, pero no todos eran jugables en cada uno de los modos de juegos. Conquista, el principal aliciente de la franquicia y el más populado, sólo recibió cuatro de los ocho nuevos. Los constantes retrasos para traer dichas actualizaciones tampoco contribuyeron. El caso de Al Sudan lo refleja perfectamente, es el mapa que se encuentra en la primer misión de la campaña, y tardó un año en llegar al multijugador.



El capítulo 5 titulado simplemente «Guerra en el Pacífico» llegó para calmar las aguas y apaciguar a quienes pedían las batallas más históricas. Además de los tres mapas nuevos basados en el enfrentamiento entre Estados Unidos y Japón, llegarían armas y vehículos correspondientes a aquellos años, como la M1 Garand o el Sherman M4. Iwo Jima se destacaría por obvias razones y el remake del clásico Wake Island pondrían de buen humor a una comunidad cansada.

Tormenta de fuego

Los retrasos no solamente se limitaron a los mapas, también lo sufrieron los modos de juegos. Firestorm era el intento de EA de llevar a Battlefield al territorio battle royale. Playerunknown’s Battlegrounds y Fortnite pisaban fuerte y muchas editoras se subían a la moda. El modo se anunció antes que saliera el juego, pero llegó medio año después, y cuando finalmente lo hizo, era prácticamente injugable. Duramente la primer semana, fuera de Norteamérica contaba con números altísimos de ping, DICE volvía a fallar dando una buena primera impresión.

Cuando Firestorm funcionaba, era francamente divertido. El motor Frostbite con sus entornos destructibles sigue siendo un espectáculo, y la inclusión de tanques resultaba refrescante en el género. Pese a sus virtudes, el battle royale traía sus propios contratiempos. Los principales eran la falta de recompensa, la experiencia recibida era minúscula aún ganando la ronda; esconderse bajo los árboles era un camuflaje perfecto debido a la mala visualización; y la disposición del loot que caía al eliminar un enemigo era incomprensible.

No se hubiesen convertido en grandes inconvenientes si DICE las hubiese solucionado más tarde, pero ni siquiera lo intentó. A día de hoy sólo recibió una actualización, una modificación a una área del mapa, nada más. El mayor problema de Firestorm quizás fue el hecho de no haber salido por separado de Battlefield V, algo que los usuarios recomendaron en varias oportunidades. Y que quedó muy en evidencia el día que Call of Duty: Warzone entró en escena. El battle royale de Activision no solamente se convirtió en un éxito arrollador, sino que impulsó las ventas de Modern Warfare.


battlefield v retrospectiva
La tormenta que rodea Halvøy no solo provoca daño constante sino que destruye cualquier edificación que no se encuentre dentro del círculo.

Vaivenes fuera del campo de batalla

Sin dudas la desarrolladora sueca recibió críticas por todos lados, pero en donde todos se ponían de acuerdo era en lo bien que se sentía el gunplay. La jugabilidad desde la beta fue alabada, se alejaba de lo arcaico de Battlefield 1 e invitaba más a conocer las armas que uno llevaba y perfeccionarlas. Al poco tiempo de la salida del videojuego, DICE cambió dichas mecánicas con el intento de ser más amigable a jugadores no tan experimentados. Sorpresivamente para nadie, la comunidad no respondió para nada bien ante tal cambio innecesario y el estudio no tuvo más remedio que volver a cómo era antes, y aseguró no volver a tocarlo.

Irónicamente luego de que la expansión «Guerra del Pacífico» inclinara la balanza hacia su lado, la empresa sueca volvió a cambiar el gameplay. El infame parche 5.2 volvía a toquetear el TTK (time to kill) y volvía inútiles los subfusiles. Parecía que la mismísima DICE no quería estar tranquila más de dos semanas seguidas. Ante la misma respuesta de los jugadores, nuevamente revirtieron el cambio, pero no tan rápido como antes, esta vez se tardó un par de meses. Dos meses en los que sobraron quejas, memes y hasta amenazas. Todo totalmente evitable.

Después de un año y medio tan atípico repleto de retrasos, contradicciones, derrotas e inclusive triunfos, en mayo de este año se anunció que el shooter bélico recibiría su última gran actualización en junio. El avance de Estados Unidos en Europa y la Unión Soviética como quinta facción finalmente no llegarían a ser incorporadas en el juego. La expansión por si sola fue una de las más completas. Trajo consigo dos mapas nuevos, nueve armas, la posibilidad de colocarles llaveros, seis vehículos, entre varios otros. Un cierre agridulce.

Parada final

Si bien siguió habiendo más actualizaciones con la intención de mantener la comunidad activa, ninguna trajo contenido sustancial. Entre lo más destacable fue ampliar el abanico de opciones a la hora de crear servidores privados y la disponibilidad de misiones con monedas premium como recompensa.



El no comprometerse con una visión concreta fue lo que le jugó mayor en contra a Battlefield V. La personalización de los soldados es el claro ejemplo. No fue lo suficientemente firme para contentar a los que prefieren cambios más drásticos, pero tampoco anuló todo para satisfacer a los más tradicionalistas. Se perdió mucho tiempo en querer abarcar todo. Grandes Operaciones fue unos de los pilares más fuertes de Battlefield 1, pero en la secuela fue una mera sombra. El battle royale fue una de las principales lanzas del marketing y no sólo que llegó demasiado tarde, sino que apenas recibió contenido. Otros conceptos como el modo competitivo 5 v 5 y la mecánica de cargar aliados derribados fueron anunciados pero directamente nunca salieron a la luz.

La última aventura de DICE no estuvo exenta de aciertos. Como ya se dijo, el gunplay (cuando no es toqueteado) es excelente, y la eliminación del pase de temporada supone un sistema de monetización mucho más saludable. También la decisión de llevar la saga a Steam no es menor. Y de cara al próximo título de Battlefield, hay mucho para sacar de acá, pero lo único que espero es que, sea cual sea la idea que se tenga, la desarrolladora crea en ella sin divagar ni arrepentirse a medio camino.

ImOctavius

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Redacción. Soldado de Kojima.
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